"Siempre hay un cielo azul inmenso, más allá de las nubes negras"
Instalarse en la queja es el cáncer más peligroso y mortal de la vida espiritual. Es un camino sin salida. Los pesimistas no disfrutan de nada ni dejan disfrutar a nadie. Son los que ya nada les aporta algo; no creen en el milagro de la novedad de cada día. Viven, en lo más profundo del corazón (o mejor dicho, viven en la periferia de su corazón, pues si vivieran desde su fondo profundo no se instalarian en la queja), una decepción contra todos y contra todo, nunca nada les hace felices. Se han instalado en la queja porque es lo más fácil y lo más comodo. Tienen muchas críticas para todos y creen saber el camino para que las cosas mejoren, pero no se atreven a recorrer el camino de la aportación personal. Como Jesús les señalaba a los fariseos que "no movían ni un dedo" para que la situación cambiara. Por ello su crítica es estéril pues no hacen nada más que desahogar su malestar personal. No viven con esperanza, poque esta exige CAMBIAR. Fijarse sólo en lo negativo es no vivir.
Por eso, insisto, es necesaria una CONVERSIÓN,
una vuelta a la novedad del Evangelio, que tiene como base el
agradecimiento y la humildad. De lo contrario viviremos como eternos
frustrados porque no descubriremos todo lo que hemos recibido. No veremos nuestros dones, no viviremos el gozo de dejarnos amar gratuitamente por Dios y por los prójimos.
¡Se puede ser feliz en el gozo de amar, sólo por amar!
Sólo sabe vivir aquel o aquella que sabe agradecer, que se sabe amado/a por los demás y por Dios. De ahi nace la capacidad de amar y no de otra parte. 






