domingo, 23 de octubre de 2011

"Lo que podemos cambiar..."

"La solución es siempre mirar con otros ojos: los ojos esperanzadores del agradecimiento."

Desde Dios todo tiene solución. Pero debemos DEJARNOS AYUDAR. ¿Cómo? Siendo agradecidos, viviir como en una "alabanza permanente". Sólo así nos desencentramos de nosotros mismos (en la forma egolátrica) y salimos al encuentro del Otro en el otro. Al salir del propio yo, descubrimos que existe alguien más que nosotros. No podemos ser agradecidos y vivir quejandonos. Una de dos. Vivir es pasar por la vida con un corazón agradecido, tal vez esa es una de la grandes enseñanzas de nuestros hermanos mayores en la fe: los santos.
Y, como siempre, la solución contra la queja es LA HUMLIDAD. Ser humildes es vivir una sana autoestima. Nos hace ver los positivo en nosotros y  en los otros. Ser agradecidos es la sanación a nuestras quejas y lamentos. 
Se trata de un estilod e vida evangélico. Viven agradeciendo los que son felices. Se disfruta de todo, de las cosas pequeñas. Viven y siembran el amor a su paso.
Todo tiene "solución" en el Amor de Dios.  Olvidemos los narcisismos que nos hacen no enterarnos de nada de lo que importa... por ejemplo: puedo vivir quejandome porque estoy enferma... y me olvido de agradecer que estoy viva! Realmente la queja nos nubla la visión. Pues "si tu ojo esta sano, todo el resto estará sano también..." ¿Cómo estamos viendo? ¿Con qué corazón? Es tarea diaria ir discerniendo lo que realmente vale en la vida.


lunes, 17 de octubre de 2011

¿Por qué nos quejamos?

"Instalarse en la queja es lo más fácil del mundo. Solucionar y enfrentar los problemas es otra cosa"

En lo profundo del corazón se instala la queja cuando vivimos con "derechos" delante de Dios y de los demás. Es como si existiera una profunda insatisfacción  porque no estamos llenos ni satisfechos con nada y entonces brota la continua queja.  No es que alguna vez no nos podamos quejar, esto es muy humano, y comprensible. Pero lo grave es cuando se hace una actitud permanente en nosotros. Todo porque no terminamos de ser felices. Y no somos felices porque hemos creado expectativas (que nos son otra cosa más que apegos desordenados) de Dios, de nosotros mismos y de los otros y como no acaban de satisfacernos, nos quejamos. Parecería que los demás vivieran para darnos gusto y cumplir con todas nuestras exigencias. Y no solo nos quejamos sino que encima, ni siquiera hemos aprendido a ser agradecidos con Dios, ni con los demás..

Así no se pude disfrutar de la vida en nada ni con nadie. No se vive en el presente. Sino anclados en el pasado por lo que no nos dieron o en el futuro por las expectativas que tal vez nunca cumpliran. En pocas palabras: no nos enteramos de que la vida nos pasa por delante. 

Y si no somos felices, obvio que no podemos hacer felices a nadie. El amor y la felicidad brota del corazón de quien se siente amado y cuidado. Por eso el que se queja no ha descubierto que es amado y cuidado gratituamente, por Dios y por los demás. No ve nada positivo en su vida, O lo que es peor: NO QUIERE ver nada positivo en su vida. la gran pregunta es ¿por que?

Muy simple: porque eso le llevaría a CAMBIAR DE ACTITUD ante la vida. Esto es lo difícil, esto requiere coraje, libertad interior, enfrentar la propia historia y reconciliarse con ella... en fin, "un calado a profundidad que pocos resisten" parafraseando a alguien que hablaba de la oración -que, como decía Teresa, "es donde se ven verdades")
Lo más fácil es quejarnos y exigir, sin dar nada. La queja es como el eslogan de los egoístas! Estas personas están siempre "en crisis" en todas las áreas de su vida... no quieren salir de esta crisis pues dejarían de ser el centro de su propio EGO-ísmo. Y el grado más preocupante es cuando se vuelven los moralistas más grandes diciendo a todo el mundo como "deberían" de vivir, de actuar, de pensar, etc. Esto se ve en muchos grupos  toda denominación religiosa y también en ambientes laborales-familiares-etc. en los que se "imponen cargas a los demás que ni ellos mismos están dispuestos a mover con un dedo".
Que Dios-Luz Interior nos conceda la gracia de la humildad para vernos con toda verdad. Sólo así podremos ver a los demás y a nosotros mismos como Dios nos ve. 



viernes, 14 de octubre de 2011

Adolescentes permanentes

"Exigirlo todo, sin esforzarse nada, sin querer responsabilidades, es una actitud adolescente"

Creo que vivimos en un mundo en el que todos queremos hacer lo que queramos, lo que se nos viene en gana, pero sin que nos exijan responsabilidades...  son pocos los que están dispuestos a enfrentarse a la cruda realidad de su vida. Por eso exite tanta disociación entre lo que se vive y lo que se dice, entre fe y vida. La poquísima coherencia entre lo que decimos creer y lo que practicamos.
Es como vivir una adolescencia crónica, permanente (sin menos valorar la hermosa edad de la adolescencia como etapa transitoria en la vida). Muy pocos viven su vida desde sus convicciones profundas, muchas veces simplemente porque no se conocen!
Es necesario volver a una vida profunda y coherentemente humana, llena de deseos de vivir lo que son nuestros valores más profundos; la armonía entre lo que pensamos y vivimos, porque como dice la frase tan conocida: " si no vivimos como pensamos, tenemos el peligro de terminar pensando como vivimos".
La vida cristiana se fundamenta en una base humana. Esta es la base de una vida cristiana coherente. 
El corazon adolescente parece ser el corazón de muchos en el mundo y en la Iglesia: son una queja continua, pero nunca "sudan la camiseta". No quieren responsabilidades y compromisos, no quieren ceder ni "perder". 
¿Cuándo vamos a empezar a madurar?



Confesiones...


“Hay un punto en el cual la vida espiritual se convierte en la responsabilidad propia de cada persona. (…) Todo aquello de lo cual habíamos estado tan seguros durante años, cada día se vuelve menos cierto. Es una encrucijada espiritual: ¿hay algo que valga la pena creer? ¿Algo que valga la pena seguir? Y si es así, ¿qué y por qué?”

Tengo la certeza de estar viviendo este momento. Ahora soy consciente de que tenía hace unos 6 años ideas sobre Dios, sobre la vida religiosa y sobre la espiritualidad, poco firmes y sustentadas, durante esos años se fueron cayendo poco a poco, una a  una, a veces con violencia y otras, las más, lentamente.  Aprendí mucho más en los procesos lentos. De repente me di cuenta que tenía las herramientas necesarias para construir –si se puede decir así- mi vida espiritual, pero no lo hacía, o no lograba darle forma a todo lo que estaba recibiendo y es que intentaba mantener el “status quo”, tanto el mío como el de la estructura a la que estaba aferrada y de la que había hecho mi “divina seguridad”; lo cual era tremendamente incoherente con la enseñanza interior que el Espíritu me daba. No me atrevía a dar pasos demasiado “subversivos”, no me atrevía a hablar y a denunciarme, primero a  mí misma, ¡siempre a mí misma!, pues descubría que sin que esto fuera una realidad interior en mí, sería incongruente quererla denunciar hacia afuera. No estaría practicando lo que predicaba,  pero eso también era soberbia. Porque entendía mucho y lo trágico era que no vivía igual. Mi incoherencia y la de los demás, me ponían en tela de juicio los valores que se me había predicado en la vida religiosa. Y en el fondo de mí misma, entendía que debía cambiar, tanto yo, como de fuera. Pero no tenía ningún dominio hacia fuera y, ¡oh dolor! También carecía de dominio de mi misma! Ese fruto del Espíritu parecía no estar muy presente en mí. No es fácil dejarle a Dios ser Dios en la propia vida. 

Y hoy… ¿en qué creo?, mejor aún: ¿En Quién creo?. Esto aún no me atrevo a responderlo pues no hay respuesta definitiva aún, y creo que no la habrá. La vida espiritual es un continuo revelarse de Dios y de mi misma y lo que creía hace 6 años, no es ni por cerca lo que creo hoy. Y lo más seguro será que no sea igual dentro de otros años más.

jueves, 13 de octubre de 2011

¿Quejarse o agradecer? (Vida de FE)

"Enfrentarse a uno mismo con su propia personalidad y debilidades, es acertar en el camino de la madurez."

Muchas veces, nos pasamos la vida quejandonos de todo. Ni somos felices ni hacemos felices a los demás... nos quejamos de Dios, de la Iglesia, de la comunidad, de la familia, de la enfermedad, del trabajo, del cónyuge,... de nosotros mismos! pasamos entretenidos en quejarnos en vez de adentrarnos en nuestra morada interior donde reside la verdadera alegría. 

LA QUEJA CONTINUA ES MUESTRA PALPABLE DE INMADUREZ...
Nos convertimos en queja porque no queremos enfrentarnos con nuestra verdad, con la Verdad. Tenemos que "coger el toro por los cuernos" y saber que NADIE tiene la culpa de lo que me pasa, yo soy responsable de lo que me pasa (responsabilidad viene de la palabra responder). Yo soy capaz y libre de responder ante lo que otros hacen o dejan de hacer. 

El punto es no caer en la culpabilidad (ni echar la culpa a otros ni auto-culpabilizarme) pues eso nos lleva a la autodestrucción (depresiones, baja estima, angustia, hundimiento, amargura, etc.) 
YO NO SOY CULPABLE, SINO RESPONSABLE! (son terminos muy distintos)
La responsabilidad me hace encontrame con la verdad, y "la verdad nos hace libres"...  Vivir en la verdad es "el gozo de apostar por la libertad del corazón."

Quejarse es muy humano, pero ya INSTALARSE EN LA QUEJA, NOS DESHUMANIZA. porque nos vuelve duros y rígidos y no nos permite ser empáticos ni compresivos con los demás ni con nosotros mismos. 
La queja expresa infelicidad en la vida... tal vez deberíamos preguntarle a los otros si no tienen quejas contra nosotros... podríamos llevarnos muchas sorpresas...

miércoles, 12 de octubre de 2011

¿Qué implica vivir espiritualmente?

La verdadera espiritualidad es siempre vivirlo todo desde Cristo, como única solución a todo aquello que el fondo nos impide crecer como personas que saben que "sin Mí, nada pueden hacer"


¿Y esto, qué implica en la práctica?

  1. La serena certeza de que Dios me quiere con locura y siempre. En este momento ... y no tengo que hacer nada para que me ama y que nada de lo que haga o deje de hacer podrá hacer que Él deje de amarme.
  2. Vivo con el convencimiento interior de que "todo lo puedo en Aquel  que me fortalece"... esta es mi sencilla fe, aunque no entienda, aunque sienta que las situaciones me aplastan y me superan, pues siempre será así: soy sencillamente humano(a) ... por supuesto que habrán situaciones que me sobrepasen y que no controlaré!
  3. Canto mientras voy de camino, es decir... vivo alegre y agradecido(a) con la vida, pues de verdad me creo que Dios me ama y que NADA me podrá quitar su amor, esta es la fuente de mi felicidad.
  4. Tengo certa de que Dios-Amor es lo mejor de mi vida, el seguro contra todos mis "fracasos" y dificultades (que en realidad no lo son, pues todo sucede para el bien de los que aman a Dios).
  5. Su Amor es mi seguridad: no son mis cualidades, ni mis dones,  ni mis logros, mucho menos mis posesiones... soy sujeto(a) de su Gracia (gratuidad), soy quien soy por Amor. Es más: creo que es precisamente mi barro lo que más le atrae para embellecerme y amarme. Quiero darselo todo, mejor aún, darme todo! Nunca más menospreciaré la riqueza de ser humano!!!
  6. Un día descubrí y estoy convencida que Dios pone suficientes pistas para el camino: caminaré confiada, sabiendo que no es un Dios que se deliete viendo como me quiebro la cabeza "buscando su Voluntad", sino un Dios que me ha dado todo: Entendimiento y Voluntad, Libertad y Espiritu Santo para que JUNTOS (Él y yo) seamos artífices de nuestro Camino, Verdad y Vida.
  7. Si me mantengo en sintonía con mi esencia interior, en un silencio agradecido y confiando en que soy Amor ... que venga lo que venga!

El por qué de esta página...

Finalmente, después de mucho pensarlo, decidí publicar todas aquellas reflexiones que han construido y constituido mi persona, mi humanidad y mi espiritualidad, las cuales considero indivisibles, inseparables... me inspiré en una frase que escuché en un documental: "...desde que Dios se hizo hombre, todo lo humano habla de Dios..." Esta es mi filosofía de vida: realzar, dignificar todo lo humano como el mejor vehículo de la gracia divina... ser otro Cristo, significa -para mí- ser plenamente humano... porque un hombre así, solo podía ser Dios!