“Hay un punto en el cual la vida espiritual se convierte en la responsabilidad propia de cada persona. (…) Todo aquello de lo cual habíamos estado tan seguros durante años, cada día se vuelve menos cierto. Es una encrucijada espiritual: ¿hay algo que valga la pena creer? ¿Algo que valga la pena seguir? Y si es así, ¿qué y por qué?”
Tengo la certeza de estar viviendo este momento. Ahora soy consciente de que tenía hace unos 6 años ideas sobre Dios, sobre la vida religiosa y sobre la espiritualidad, poco firmes y sustentadas, durante esos años se fueron cayendo poco a poco, una a una, a veces con violencia y otras, las más, lentamente. Aprendí mucho más en los procesos lentos. De repente me di cuenta que tenía las herramientas necesarias para construir –si se puede decir así- mi vida espiritual, pero no lo hacía, o no lograba darle forma a todo lo que estaba recibiendo y es que intentaba mantener el “status quo”, tanto el mío como el de la estructura a la que estaba aferrada y de la que había hecho mi “divina seguridad”; lo cual era tremendamente incoherente con la enseñanza interior que el Espíritu me daba. No me atrevía a dar pasos demasiado “subversivos”, no me atrevía a hablar y a denunciarme, primero a mí misma, ¡siempre a mí misma!, pues descubría que sin que esto fuera una realidad interior en mí, sería incongruente quererla denunciar hacia afuera. No estaría practicando lo que predicaba, pero eso también era soberbia. Porque entendía mucho y lo trágico era que no vivía igual. Mi incoherencia y la de los demás, me ponían en tela de juicio los valores que se me había predicado en la vida religiosa. Y en el fondo de mí misma, entendía que debía cambiar, tanto yo, como de fuera. Pero no tenía ningún dominio hacia fuera y, ¡oh dolor! También carecía de dominio de mi misma! Ese fruto del Espíritu parecía no estar muy presente en mí. No es fácil dejarle a Dios ser Dios en la propia vida.
Y hoy… ¿en qué creo?, mejor aún: ¿En Quién creo?. Esto aún no me atrevo a responderlo pues no hay respuesta definitiva aún, y creo que no la habrá. La vida espiritual es un continuo revelarse de Dios y de mi misma y lo que creía hace 6 años, no es ni por cerca lo que creo hoy. Y lo más seguro será que no sea igual dentro de otros años más.
“El día en que comencé el viaje consciente y peligroso de la religión a la espiritualidad, de las certezas del dogma a un viaje lento, largo y personal hacia Dios. Ese día comencé mi propio combate con Dios, que ningún catecismo, ningún credo podía mediar. De ahí en adelante, me di cuenta que tendría que atreverme a hacer preguntas que nadie nunca antes había querido que yo hiciera.” (Joan Chittister)
ResponderEliminar